Pedaleando hacia el obelisco el día de la masa crítica de junio, vi esta escena cerca de el abasto.
Y pensé en Luca.
Después pensé que se me habría adelantado algún ala radical del malón, apasionado por los pedales, buscando el fin del sinsentido de las máquinas dominando, contaminando y ocupando el único espacio que aún no es propiedad privada en la ciudad. Las calles. Porque los parques, ya se encargó el fascismo de enrejarlos.
Seguí mi camino. El día estaba soleado y fresco. Pocos autos en la calle y las cosas, me parecían fluir.
Me invadieron sonrisas y pensamientos optimistas. Tal vez no hubo violencia y solo se trataba de un converso. Pero, ¿cómo habría hecho para poner el carro de sombrero?
La voluntad de cambio tiene caminos misteriosos.










